10 marzo, 2006


08/03/2006
Quehaceres domésticos

La casa es un barco. No tuve tiempo de hacer nada, ni de lavar un cuchillo. Macarena hará la tarea con desgano pues no hay nada que le disguste más que los Quehaceres domésticos. Por eso me esfuerzo para que encuentre la casa más a menos arreglada. De lo contrario tengo que soportar su mal genio, estado que se prolonga más allá de las sábanas y que me perjudica hasta lo indecible. Bueno, les digo, por ejemplo, que sus manos de princesa se parten con el jabón de platos y no puede ni tocarme. Creo que queda claro que soy quien debe adelantarse a esas tareas antes de padecer en carne viva las consecuencias de mi inacción.

Pero hoy fue imposible. Luego de dejar a Samuel en la escuela recorrí la ciudad (32 cuadras en total, a pie), para depositar carpetas o asistir a reuniones de trabajo, entre comillas, que ofrecían comisiones a quien vendiera productos que yo nunca compraría: libros con errores de edición, vitaminas sin registro sanitario, electrodomésticos de marca y fabricación dudosa, sin garantía, libros de autoayuda y un largo etcétera. El problema, lo sé, no son los productos, soy yo, incapaz de vender un bastón a un cojo, buscándole siempre la quinta pata al gato, maldiciendo a la sociedad de consumo.

2 comentarios:

Pacus Intelectus dijo...

Zas loco, el mismo problema que tenia yo. Nuestro padres nos criaron aniñadamente pero he tenido que aprender a sobrevivir, y no queda mas, venderse uno mismo y vender "lo que venga brother lo que venga".

Anónimo dijo...

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