01 junio, 2006

Capítulo 28

Me llamó una ex. Y no pude dejar de comentárselo a Macarena. Siempre es así, cada vez que me propongo guardar un secreto, lo primero que hago es ceder, hasta que termino contándosela a medio mundo, y mi medio mundo es Macarena, ni qué decirlo.

Cuando yo regresé de Europa, al terminar mis estudios, me paseaba por las calles de Quito como un elegido. Y no porque lo fuera, sino porque las peladas que entonces me conocieron me atribuían facultades celestiales. Y no me refiero a Macarena. Ella, contrario a lo que me pasó con muchas otras, la mayoría de las cuales se convirtieron en aventuras pasajeras, me mataba con la indiferencia. O, más bien dicho, no me paraba bola. Eso es lo que me picó. Y, como ya saben, el que se pica pierde.

Pero bueno, hace poco, cuando salía del Supermercado y mientras Macarena hacía una gestión bancaria, me topé de frente con Susana, la aventura más tórrida de aquella época.

Me avergüenzo al contarlo pero la señora, sí, la señora estaba casada con alguien que pudo ser algún día un buen amigo mío. Y además tenía un hijo de unos tres años. Resulta que durante las noches de farra quiteña, allá por el Seseribó, encontré a esta figura enfrentando la borrachera de su pareja, que, como casi todo borracho, estaba impertinente y agresivo. Alejé a la joven esposa de las garras del marido e intencionalmente la hice caer en las mías. Claro que ella no puso mayor resistencia pues al cabo de una semana recibí la llamada que me atraería hacia ella, la pobre incomprendida que encontró quien la comprenda.

Y así, hasta que el marido se enteró de nuestros encuentros. Él pensó que eran fortuitos y no lo tórridos que llegaron a ser. En una ocasión, en el baño de hombres de la Salasoteca nos pegamos un polvo expres mientras un montón de amigos comunes esperaban entrar al cubículo para echar unos pases. Mientras tanto su marido se baldeaba los tequilas en una mesa cercana.

Y bueno, el marido terminó por enterarse por la sapada de una tipa que nos vio salir juntos del Hotel 6 de Diciembre. Claro, casi hay muertos. Yo definía al asunto como un vacile más, entre otros que tenía al mismo tiempo. Así que la separación de la pareja se dio y yo, aprovechando circunstancias laborales me alejé de ahí hasta que en el caminó volví a encontrar a la indiferente Macarena a quien, con fines de acercamiento, le conté lo que me había pasado.

Y ahora que he vuelto a contarle de este encuentro, y sobre todo de la llamada, se ha puesto encabronada como pocas veces la he visto. Dijo que si veía a la tal Susana le daría un puñetazo.

4 comentarios:

Atrapasueños dijo...

La anécdota esta buena para contarla aca en el blog, pero no para contarle a la chica que le quieres entrar, ahora que esa chica es tu medio mundo y le recuerdas tus "perradas" no te va aplaudir.

En todo caso si no le vas a hacer nada a Susana, aca yo puedo hacer cualquier sacrificio

Saludos desde el centro del mundo

Anónimo dijo...

Cerdo, con mujer casada no te metas. ¿Qué tal si yo me como a la tuya?

biosofia dijo...

Una buena redacción lleva a un hecho cotidiano al terreno de lo extraordinario.
La cotideaneidad a veces queda velada tras la hipocresía general.
Buena redacción la suya vecino!!
Saludos

Edipa dijo...

mismo problemas con los secretos.

me gusta el tono del apestado! y que no le gusten los memes!

buuuuuuuuu por las postas y cadenas !