09 mayo, 2006


Capítulo 22

Si bien nuestras situación económica ha mejorado ostensiblemente con el alquiler del departamento y el salario de Macarena, no estamos del todo tranquilos. Esto se debe a que los nuevos ingresos nos alcanzarán para sobrevivir mas no para vivir como queremos hacerlo.

Si no existiera el referente de nuestra vida pasada, en la que todo parecía sonreírnos, talvez tomaríamos todo esto como una bendición y mi calidad de apestado tendría que revertirse y por tanto este blog desaparecer. Pero de lo que sí estoy seguro es que la mayor lección que esto me dejará es la del ahorro. Claro que ahora no tengo ninguna capacidad de hacerlo pero si alguna vez logramos retomar nuestro antiguo ritmo de vida, deberemos sacrificar algunos lujos, entre comillas, en beneficio, no nuestro, sino de Samuel.

Aunque consideramos a Samuel un niño alegre, no es justo que no pueda gozar de algunos privilegios que siempre soñamos para él. Y los privilegios a los que me refiero pueden sonar a caprichos, lo reconozco, pero son la imagen de mejores oportunidades incrustadas en la cabeza de un tipo de clase media que ha caído en desgracia.

Claro que el deseo de subirse a un carrusel puede parecer un simple capricho, pero, y conciente de que hacerlo o no, no lo hará más o menos feliz, en él es un deseo mil veces repetido y relegado por una situación económica que no tiene porqué entender. Y de hecho no lo entiende. Semana a semana me dice que quiere subirse al caballito de un carrusel y mil veces le miento que en Quito no hay carruseles. Por cierto, ¿hay algún carrusel en Quito?

1 comentario:

Atrapasueños dijo...

Hay un carrusel en el Play Zone del Quicentro, la mierda es que toca comprar esa huevada de trajeta que vale 3 o 5 dolares y los niños se quedan picados porque alcanza para lo justo