16 octubre, 2007

Capítulo 81 (El Apestado)




La ciudad, esta maldita y amable ciudad, no deja de sorprenderme. Hace pocos días, cuando regresaba a mi casa tras la jornada de trabajo, me topé de frente con mi alter ego galáctico. La imagen que ilustra este post estaba agarrada con una cinta adhesiva a la pared, a cualquier pared, mirándome.

Fue, lo confieso, una aparición inquietante. Parecía que mi alter ego hubiera abierto un portal intergaláctico y me estuviera invitando, con su sardónica sonrisa hueca, a pasar del otro lado, a un lugar donde, sospecho, él también es un apestado.

Como si cometiera un delito, arranqué la hoja de papel y la llevé a mi casa, sin poder imaginar siquiera a la persona que la dibujó y la puso en mi camino.

Macarena vio la cosa por unos segundos, se dio la vuelta y la ignoró, me ignoró. Samuel, en cambio, con su infantil curiosidad, me preguntó qué era, dónde lo había encontrado y si es que existía alguna historia que pudiera contarle.

Yo aprovecho siempre que puedo, para contarle historias que me invento a medida que avanza el relato. Esta historia iba así:

Hay visitantes de otros mundos en Quito, te lo prometo. Pero ellos no saben cómo presentarse ante nosotros, porque les da miedo de que nos asustemos, de que salgamos corriendo si los vemos, porque son feos como el del dibujo.

Samuel, como siempre, me oía sin mover un solo dedo.

Estos seres de otro planeta, que se esconden en las alcantarillas, y solo aparecen de noche, escogen a algunas personas, como yo, por ejemplo, y plantan en su camino dibujos que deben llevarse con ellos, aunque algunos no son tan sensibles como para hacerlo. Esas imágenes van llenando las casas de los quiteños con el solo propósito de que nos vayamos acostumbrando a verlos, de forma que, cuando hagan su aparición final y definitiva, no nos asustemos. Ellos vienen en paz, no quieren hacernos daño, solo convivir en este planeta que, al contrario del suyo, todavía tiene vida.

Samuel no quedó del todo contento con esta corta historia y tuve que contarle, entonces, cuál era el origen de Linterna Verde, nuestro héroe preferido.

4 comentarios:

Mu dijo...

Como que los niños ya no se sorprenden con tanta facilidad, no?

LA Gaby dijo...

jejejeje... suena a algo que me pasa también con mi Demoño... Claro que ahora anda emocionado con los relatos sobre los dioses griegos.

Tenemos un disfraz de Linterna Verde!!!! jejejeje...

Anónimo dijo...

Recuerdo un niño contandoles una historia parecida a sus cosmopolitas amiguitos y la burla ante tal ingenuidad... aun me cabrea ese recuerdo.

Slds
CD

Atrapasueños dijo...

Cuentale de la Maria Angula o La Mano Negra a ver si no se sorprende... Por acá mi cachorrito y yo somos fanáticos del Poderoso Thor, deberiamos hacer una convencione con la Gaby