22 febrero, 2007

Capitulo 61

Hace tiempo que no apestaba tanto como en el post anterior. Caramba, ahora sí que me he ganado un nombre: Apestado. ¡Hurra! ¡Hurra!

Y todo por nada, por una eventualidad, por ese manía de verlo todo con el pestilente lente roto que cubre uno de mis ojos, de victimizar, de, al parecer, mantener mi condición de Apestado a toda costa, como si fuera este apelativo el que direcciona mi vida.

En resumen, para acabar con la expectativa que mis palabras pueden generar, no he perdido mi trabajo, aun.

Pero debo agradecer, sin embargo, porque me he dado cuenta de que existen, entre los fieles lectores a lo que me refiero, bloggeros realmente incondicionales, dispuestos ha hacer lo que esta en sus manos para ayudar. Pero debo aclarar que aunque me han pedido en un par de ocasiones mi curriculum, como en esta última ocasión, me resisto ha hacer uso de este espacio para conseguir favores; intento, aunque parezca empecinamiento, salir solo de este pestilente estado. Gracias.

5 comentarios:

Jorge Luis Pérez dijo...

La vida sin ayuda apesta.

Fernanda C. Toscano dijo...

Cuando creces la vida apesta mas, en la infancia menos porque tienes el olfato tan acostumbrado a la mierda de los pañales que te insensibilizas.

Carlos dijo...

...nunca creí que escribieras por recibir favor alguno...pero, la solid7aridad es una rara consecuencia del blogroll.

Bacán que sigas trabajando.

Saludos.

Cordelia dijo...

Al igual q Carlos no creo que hayas escrito en uno de tus post "inconscientemente" favores o algo por el estilacho!! Pero nada animo!

Querer salir adelante solo tiene sus ventajas ! te fortalece muchos mas!! Y demasiado fino que aun tengas tu chamibita!!!


Un abrazote!!!!!

Ma. Candela dijo...

la vida apesta, guayaquil apesta, yo si no me perfumo apesto... y qué! No son los olores lo que nos identifica? lo que nos atrae los unos a los otros?
Y eso que aún me faltan por leer 60 capítulos...